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sábado, 4 de septiembre de 2010

Cuidem la nostra cultura


Un poeta: Vicent Andrés Estellés. Una  veu : l'Ovidi Montllor

Massa oblit tenim ací a València i cal fer memòria: qui perd els orígens perd l'identitat (Joan Salvat Papasseit). No hi ha hagut mai millor manera d'explicar la passió de l'amor que aquest poema. En l'aniversari del teu naixement, t'ho dedique, Vicent. I a tú, la veu que insuperablement el va recitar, a tú, que estàs "de vacances", també, Ovidi. No cal dir res més.


Els amants - Vicent Andrés Estellés

No hi havia a València dos amants com nosaltres.
Feroçment ens amàvem del matí a la nit.
Tot ho recorde mentre vas estenent la roba.
Han passat anys, molt anys; han passat moltes coses.
De sobte encara em pren aquell vent o l'amor
i rodolem per terra entre abraços i besos.
No comprenem l'amor com un costum amable,
com un costum pacífic de compliment i teles
(i que ens perdone el cast senyor López-Picó).
Es desperta, de sobte, com un vell huracà,
i ens tomba en terra els dos, ens ajunta, ens empeny.

Jo desitjava, a voltes, un amor educat
i en marxa el tocadiscos, negligentment besant-te,
ara un muscle i després el peço d'una orella.
El nostre amor és un amor brusc i salvatge
i tenim l'enyorança amarga de la terra,
d'anar a rebolcons entre besos i arraps.
Què voleu que hi faça! Elemental, ja ho sé.
Ignorem el Petrarca i ignorem moltes coses.
Les Estances de Riba i les Rimas de Bécquer.
Després, tombats en terra de qualsevol manera,
comprenem que som bàrbars, i que això no deu ser,
que no estem en l'edat, i tot això i allò.

No hi havia a València dos amants com nosaltres,
car d'amants com nosaltres en són parits ben pocs.

lunes, 25 de enero de 2010

Alimento de los dioses

Hoy voy a pasaros una receta que me pasó la madre de un amigo. Es un pecado, hablemos claro. Porque es un dulce que está buenísimo y engorda, pero más pecado sería haberme privado de la receta ^^,  así que en el fondo se lo agradezco porque es rápido, facilísimo de hacer (y yo no sé cocinar, la verdad sea dicha) y está muy rico :) Se trata de una especie de flan/mousse de chocolate pero no es ni flan ni mousse XD. Ahí va:

Receta del "pastel de la madre de Santi" (Flan/mousse de chocolate)

Ingredientes:

Un litro de nata para montar
Una tableta de chocolate negro* para postres Nestlé **
Un sobre de Flan Royal para 8 personas.


Preparación:

Partir primero la tableta de chocolate en trozos pequeños para que sea más fácil deshacerla. Verter todos los ingredientes en un cazo grande.

Encender el fuego a media potencia y con una cuchara remover sin parar con cuidado de que no se queme. Al cabo de unos minutos el líquido tendrá un color uniforme. Hay que seguir removiendo hasta que empiece a hervir (saldrán pequeñas burbujas). Seguir removiendo durante un minuto más y verter en un recipiente bajo.

Dejar enfriar unos minutos y dejar reposar en la nevera al menos 2 horas.

Ya está, listo para servir. Que aproveche!! ;)

Resumen:
Verter los ingredientes en un cazo, remover a medio fuego hasta que hierva y dejar enfriar 2 horas en la nevera.


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*Si no os gusta el chocolate negro no os preocupéis porque luego cambia el sabor. De todas formas, las pruebas con chocolate con leche para postres tampoco están mal.

** Si hacéis boicot, como yo, a una marca que regalaba leches infantiles en polvo en lugares de África donde no había agua potable y las madres luego no podían adquirir más si no era a un precio prohibitivo para ellas pero tampoco podían dar leche a sus hijos porque se les había secado el pecho, podéis optar por otras marcas. Yo probé el chocolate negro para postres de Eroski y el resultado es el mismo, pero seguro que existen otras opciones.

jueves, 7 de enero de 2010

T'estime

Voy a contaros algo antes de que el recuerdo se enfríe :).
Estábamos en clase de inglés y hacía tanto frío que ni el profesor se ha quitado el abrigo en clase. Todos estábamos con los pies helados. De manera que cuando ha terminado la clase, lo que de verdad me apetecía era llegar a casa. Entonces he cogido el móvil y he hablado con Él y por tonto o tópico que pueda sonar, me he sentido en casa. Me embargaba, además de todo lo que siento por Él, esa sensación de calor hogareño, de paz, de tranquilidad. En ese momento, justo después de hablar, salía a la calle y he dejado de sentir el frío y la lluvia por unos instantes. Sólo con su voz tenía suficiente para volver, como cada día, a darme cuenta de que esto es lo que siempre he querido, que no puede haber nada más perfecto que este amor :)

jueves, 1 de octubre de 2009

Hace unos días, del papel al pc

El cielo estaba enfadado y ha descargado su rabia contra la tierra y los hombres que destruyen la Naturaleza.
El planeta ya no aguanta más agresiones y demuestra con sus truenos que es mucho más poderoso que los hombres, y que les puede matar.

Los rayos caían ágiles y letales y las nubes tronaban mientras las personas huían, corrían a refugiarse en sus casas.
La maravillosa Naturaleza, en su baño, dejaba limpio el aire y las calles. Tanto dolor y barbarie humanas se detienen unos segundos mientras la Naturaleza ruge y los hombres se esconden.
Hoy ella estaba enfadada y nos ha querido dar una lección que nunca aprendemos.

Como madre bondadosa que es, siempre termina sus regaños cuidando de los seres que tanto ama, regándolos y dándoles de beber. ¡Cuánta paciencia! ¡Quiero poder aprender de ella!

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Ya desde pequeña, cuando vivía en el pueblo, recuerdo que mi madre seguía un ritual sencillo y especial. Quizás las circunstancias la obligaban, pero su hermosa visión del mundo hacía que convirtiese en mágicos los momentos adversos.
Sencillamente se iba la "luz" cada vez que llovía en el pueblo. Entonces, como no podía ver mucho con la oscuridad de la tarde y sin luz eléctrica, tenía que dejar lo que estuviese haciendo para acudir donde estaba mi madre que, con su luz, me llamaba. Había encendido una vela. No una vela de muertos, ni una vela aromática, mucho menos decorativa, sino una vela. De aquellas que hacíamos con la cera roja de los quesitos.

Sentadas en torno a la mesa camilla nos acercábamos a la vela para mirar la llama. Mi madre decía un par de frases como "qué bello es el fuego" y "el fuego lo limpia todo", y ahí quedábamos en silencio durante una hora o unos minutos... eso sí, parados en el tiempo; admirando la cera que, líquida, colmaba la cumbre para abandonarla después precipitándose en una bajada sinuosa y tibia. Parecía morir la cera cuando, fría ya, dejaba esculpida su forma de gota hasta que un nuevo riachuelo de magma rojo revivía la escultura dormida desde el interior con su calor.

La alquimia proseguía en la cocina, hubiese ya "luz" o no. Allí ese elemento natural, violento y hogareño, el fuego, nos llamaba a hermanarnos con él, a usarlo, a vivirlo y a acariciarlo. Nos poníamos a hacer más velas con los restos de la anterior y añadiendo la cera meticulosamente recogida durante tiempo y, mientras se enfriaban, mamà cuinava. Hay escenas tan sagradas que sólo se pueden decir en la lengua íntima que, como una cinta de raso, las rodeaba.

Así era como mi madre se convertía en bruja, capaz de transformar unos pocos ingredientes sin sustancia en un dulce aromático. A su lado la ayudaba a batir los huevos o a añadir, poco a poco, el azúcar mientras ella removía el chocolate y me decía: "Theobroma, el alimento de los dioses" y me sonreía.

Aprendí a esperar el tiempo que hiciese falta para que el pastel estuviese, después de haber impregnado con su olor cálido, dulce y pacífico toda la casa al hornearlo.
Me fue duro entender que hay cosas que no están buenas calientes y que deben enfriarse para que nos sienten bien. Pero todo aquello decía cómo había que hacer las cosas en la vida: con paciencia, dulzura y esmero.

Aún hoy, cuando vivimos en una ciudad y la "luz" no se "va" nunca, seguimos el ritual: cuando hay tormenta, paramos el tiempo y lo saboreamos.


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Curioso, por tanto, que la lluvia me recuerde al fuego.

Hoy los rayos sacuden el suelo y rompen el aire con violencia y estruendo.
Tengo miedo a los rayos, su luz atraviesa rápida y conrtante el cielo y mi piel se estremece esperando la reprimenda de su eco.
Intento esconderme de su ira bajo las sábanas pero, incluso en mi refugio, me encuentra. No soy nada frente a la Naturaleza. Me levanto, pues, y le presento mis respetos tras el cristal, lleno de gotas que caen, de la ventana: el único remedio contra los rayos es mostrarles humildad.