El cielo estaba enfadado y ha descargado su rabia contra la tierra y los hombres que destruyen la Naturaleza.
El planeta ya no aguanta más agresiones y demuestra con sus truenos que es mucho más poderoso que los hombres, y que les puede matar.
Los rayos caían ágiles y letales y las nubes tronaban mientras las personas huían, corrían a refugiarse en sus casas.
La maravillosa Naturaleza, en su baño, dejaba limpio el aire y las calles. Tanto dolor y barbarie humanas se detienen unos segundos mientras la Naturaleza ruge y los hombres se esconden.
Hoy ella estaba enfadada y nos ha querido dar una lección que nunca aprendemos.
Como madre bondadosa que es, siempre termina sus regaños cuidando de los seres que tanto ama, regándolos y dándoles de beber. ¡Cuánta paciencia! ¡Quiero poder aprender de ella!
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Ya desde pequeña, cuando vivía en el pueblo, recuerdo que mi madre seguía un ritual sencillo y especial. Quizás las circunstancias la obligaban, pero su hermosa visión del mundo hacía que convirtiese en mágicos los momentos adversos.
Sencillamente se iba la "luz" cada vez que llovía en el pueblo. Entonces, como no podía ver mucho con la oscuridad de la tarde y sin luz eléctrica, tenía que dejar lo que estuviese haciendo para acudir donde estaba mi madre que, con su luz, me llamaba. Había encendido una vela. No una vela de muertos, ni una vela aromática, mucho menos decorativa, sino una vela. De aquellas que hacíamos con la cera roja de los quesitos.
Sentadas en torno a la mesa camilla nos acercábamos a la vela para mirar la llama. Mi madre decía un par de frases como "qué bello es el fuego" y "el fuego lo limpia todo", y ahí quedábamos en silencio durante una hora o unos minutos... eso sí, parados en el tiempo; admirando la cera que, líquida, colmaba la cumbre para abandonarla después precipitándose en una bajada sinuosa y tibia. Parecía morir la cera cuando, fría ya, dejaba esculpida su forma de gota hasta que un nuevo riachuelo de magma rojo revivía la escultura dormida desde el interior con su calor.
La alquimia proseguía en la cocina, hubiese ya "luz" o no. Allí ese elemento natural, violento y hogareño, el fuego, nos llamaba a hermanarnos con él, a usarlo, a vivirlo y a acariciarlo. Nos poníamos a hacer más velas con los restos de la anterior y añadiendo la cera meticulosamente recogida durante tiempo y, mientras se enfriaban, mamà cuinava. Hay escenas tan sagradas que sólo se pueden decir en la lengua íntima que, como una cinta de raso, las rodeaba.
Así era como mi madre se convertía en bruja, capaz de transformar unos pocos ingredientes sin sustancia en un dulce aromático. A su lado la ayudaba a batir los huevos o a añadir, poco a poco, el azúcar mientras ella removía el chocolate y me decía: "Theobroma, el alimento de los dioses" y me sonreía.
Aprendí a esperar el tiempo que hiciese falta para que el pastel estuviese, después de haber impregnado con su olor cálido, dulce y pacífico toda la casa al hornearlo.
Me fue duro entender que hay cosas que no están buenas calientes y que deben enfriarse para que nos sienten bien. Pero todo aquello decía cómo había que hacer las cosas en la vida: con paciencia, dulzura y esmero.
Aún hoy, cuando vivimos en una ciudad y la "luz" no se "va" nunca, seguimos el ritual: cuando hay tormenta, paramos el tiempo y lo saboreamos.
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Curioso, por tanto, que la lluvia me recuerde al fuego.
Hoy los rayos sacuden el suelo y rompen el aire con violencia y estruendo.
Tengo miedo a los rayos, su luz atraviesa rápida y conrtante el cielo y mi piel se estremece esperando la reprimenda de su eco.
Intento esconderme de su ira bajo las sábanas pero, incluso en mi refugio, me encuentra. No soy nada frente a la Naturaleza. Me levanto, pues, y le presento mis respetos tras el cristal, lleno de gotas que caen, de la ventana: el único remedio contra los rayos es mostrarles humildad.
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jueves, 1 de octubre de 2009
Hace unos días, del papel al pc
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domingo, 27 de septiembre de 2009
Aclaraciones
Al releer la entrada me doy cuenta que la parte en la que hablo acerca de los hombres puede resultar un poco cruel. Quizás estas diferencias sólo sean educacionales, pero no sé... me duelen, ¿sabéis? Me gustaría que nadie sintiera deseos de matar, que la gente se pusiese a trabajar para construir un futuro en vez de destruirlo... Por favor, entendedlo en el sentido en el que lo digo. Aquellos que estén a favor de la guerra, de los militares, de enviar a sus hijos a matar y a que los maten... no aman la vida ni aman a sus hijos, así lo veo y por eso lo critico. Si alguien ama a su hijo, pienso que hará lo posible por negarse a que éste sea soldado y dejará de lado chorradas como el querer que sea más "hombre".
¿Aclara esto un poco las cosas? Jolines, es que es difícil no convertirse en víctima de las palabras cuando se tratan temas tan delicados. Un saludo a todos. Pido perdón si he ofendido a alguien. No es precisamente ésa mi intención. Buenas noches.
¿Aclara esto un poco las cosas? Jolines, es que es difícil no convertirse en víctima de las palabras cuando se tratan temas tan delicados. Un saludo a todos. Pido perdón si he ofendido a alguien. No es precisamente ésa mi intención. Buenas noches.
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